Espacio compartido

Sin cesar caen gotas sobre su cara. Despierta. La oscuridad es absoluta, sin sombras, gélida. Sonidos de lluvia allá lejos se escuchan, difusos y lejanos. 

Acerca las manos hacia su boca y comienza a soplarlas, el aliento cálido choca con la piel mojada y fría. Sus dedos comienzan a moverse de forma lenta. El temblor involuntario, casi convulsivo, se instala de pronto en su cuerpo. 

Emitiendo pequeños gritos ahogados se coloca en posición fetal sobre su lado izquierdo. Ese movimiento arrastra agua y barro hacia su cara. Asustado coloca la mano derecha sobre el fango que se hunde hasta la muñeca. 

Se sienta. Se abraza y comienza a exhalar de forma brusca y entrecortada, inhala entre espasmos.  

Un relámpago irrumpe en la oscuridad y el estruendo de un trueno lo sobresalta. Mira hacia arriba y ve copas de árboles en lo alto a través de una boca rectangular y difusa. Desde esa ventana una silueta de pie lo observa.

¡Auxilio!, grita.

La silueta desaparece en la oscuridad.

¿Qué está pasando?, murmura para sí mismo, ¿Qué está pasando, por favor? 

Comienza a llorar desconsolado. La confusión, la impotencia, el miedo están instalados en sus pensamientos. Imágenes pasan una detrás de otra sin ninguna explicación.

Se toma la cabeza y grita, grita y grita a la nada, una nada que devuelve su grito en ecos. 

Se pone de pie aterrado. La lluvia no deja de caer, la adrenalina en su cuerpo vence el frío. Grita con todas sus fuerzas, grita hacia arriba.

Un relámpago irrumpe en la oscuridad, un flash ilumina el espacio y ve que está dentro de una fosa. Una fosa de tierra, profunda, quizás de cinco o seis metros. 

Entre el fango se mueve hacia los bordes, bordes de raíces, barro, agua. Tropieza y cae sobre un cuerpo inerte, congelado. Los gritos desgarran, lastiman, su garganta. 

Se arrastra, torpe, sobre otro cuerpo y otro y otro. Sin fuerzas se coloca de espalda y observa esa ventana, allá arriba, mostrando copas de árboles. La lluvia comienza a amainar. 

Escucha el sonido de un motor que se acerca, se detiene y alumbra apenas la superficie de la fosa. 

Una vez más grita, sin fuerzas ya, por auxilio. Una gran pila de tierra comienza a caer sobre él, cubriéndolo.